Debemos regresar a clases, … mañana.

Jorge Corrales Liberalismo Leave a Comment

Siento que no puedo dejar de insistir, una vez más, en que los estudiantes de nuestras escuelas y colegios deben regresar ya a clases presenciales; sin más tardanza.

Lo digo con suma tristeza en mi corazón, pues parece que una petición que busca impedir el empobrecimiento genuino de una generación, es casi ignorada, no sólo por los medios, con excepción del informe del Estado de la Educación, sino por la clase política en general, y el gremio de educadores, en particular. Pero, esencialmente porque no observo una ciudadanía inconforme con el daño que esta cuarentena educativa les está causando a niños, jóvenes y hogares en general.

La cuarentena a los centros educativos se ha mantenido con base en dos argumentos principales, ambos relacionados con el riesgo de contagio. Por una parte, por los padres, a quienes se les tiene asustados por un posible contagio y muerte de sus hijos si van a clase en persona en los centros educativos. Pero, al menos para países en donde sí hay información adecuada, el virus casi no contagia ni mata a niños y jóvenes. Por otra parte, se dice que el riesgo es con el personal, posiblemente adultos mayores y con enfermedades coadyuvantes, quienes se verían contagiados por los estudiantes.

Información reciente de la economista Emily Oster, de la Universidad Brown de Estados Unidos, señala que, “De hecho, las escuelas no parecen ser diseminadoras importantes del COVID-19,” y que “Nuestros datos de las últimas dos semanas de setiembre de casi 200.000 pequeños en 47 estados, revelaron una tasa de infección de 0.13 por ciento entre estudiantes y de 0.24 por ciento entre el personal. Esto es, aproximadamente, 1.3 infecciones cada dos semanas en una escuela de 1.000 niños, o 2.2 infecciones en el lapso de dos semanas en un grupo de 1.000 del personal. Aún en áreas de alto riesgo en el país, las tasas de estudiantes estuvieron muy por debajo del medio porciento…. También, datos basados en escuelas provenientes de otras fuentes muestran tasas similarmente bajas. Texas reportó 1.490 casos entre estudiantes en la semana que terminó el 27 de setiembre, con un estimado de 1.080.317 estudiantes en las escuelas ̶ una tasa de alrededor de un 0.14 por ciento. La tasa del personal fue menor, alrededor de un 0.10 por ciento.”

Ambas poblaciones (estudiantes y personal escolar), comparadas con el resto de la sociedad, son relativamente de bajo riesgo, pero, en todo caso, la apertura de las escuelas debería tomar en cuenta la protección al personal de alto riesgo, tal como se debe hacer con las poblaciones en general de adultos mayores de 65 años.

Pero hay más, las cuarentenas no sólo no han eliminado el virus, sino que han dado lugar a muchos otros daños a nuestros niños que ya han sido documentados, principalmente en países con información seria, regular y confiable. Como lo indica recientemente en un artículo el profesor en medicina Jay Bhattacharya, la epidemióloga Sunetra Gupta y el médico y bioestadístico Martin Kulldorf, “para los niños, el COVID-19 es menos peligroso que la influenza. A los niños y adultos jóvenes de menor riesgo se les debería permitir vivir sus vidas casi normales, pues ellos enfrentan daños mayores médicos, psicológicos y económicos por las cuarentenas, que por el COVID-19.”

Esos daños van desde el empobrecimiento en los hogares, hasta el suicidio, la violencia doméstica, el enorme costo del retraso educativo en el futuro del estudiante, la ansiedad, la exclusión de los estudiantes de una socialización entre niños y de niños a maestros, indispensable en edades tempranas, el peso sobre los hogares y los padres por lograr que los hijos aprovechen las clases en línea, si es que tienen los recursos económicos para ello, el estrés, el aumento de otras enfermedades contagiosas al ser menos atendidas, el aumento en el uso de drogas, entre otros.

Y, para quienes suelen decir que están a favor de la “justicia social,” son los hogares de menores ingresos en donde los niños, al igual que los adultos, sufren más por el costo de las cuarentenas, las que básicamente han sido dirigidas a grupos sociales de ingresos bajos, incluyendo inmigrantes y habitantes de comunidades pobres.

En vez de estar negociando acuerdos con grupos sindicales que en mucho se traducen sólo en un mayor gasto estatal, las autoridades de nuestro ministerio de Educación, deberían, en esta época de finanzas públicas en estado crítico y, tal vez, hasta violando el cumplimiento de deberes establecidos por ley, como es el perdón de deudas por pagos mayores en el sueldo legalmente establecido, hechos en el pasado, repensar seriamente en el desempeño actual de su papel primordial de cuidar la educación de quienes más la necesitan, como son los estudiantes de primaria y secundaria.

A pesar de la actitud callada de sindicatos de maestros, quienes, aunque no están dando clases presenciales y sí haciendo otras labores como clases en línea, han recibido los pagos hechos con recursos de toda la sociedad, siendo de esperar que sus miembros maestros estén muy preocupados, pues, como aprendí hace mucho y siempre de mis antiguos maestros, lo primordial siempre fue la educación de los alumnos, la que ahora está casi literalmente abandonada. Deseo pensar que muchos de nuestros valiosos maestros han de estar muy tristes, al tener consciencia del enorme daño que esa cuarentena educativa les está causando a sus alumnos.