Los inocentes se sorprenden con el nombramiento de Ottón Solís como embajador ante la OCDE cuando en realidad era algo de esperarse.
Lo que debe causar indignación no es tanto dicho nombramiento sino el ingreso mismo de Costa Rica a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la carga tributaria que esto significará para el contribuyente y la existencia misma de esta entidad burocrática.

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