Carta abierta a los nuevos gobernantes que ocuparán cargos en el Poder Ejecutivo y Legislativo.

Andrés Ignacio PozueloAndrés Pozuelo

Señores (as):

Esta carta no es de felicitaciones.

No los felicito. No porque desee el fracaso del nuevo gobierno ni de la Asamblea Legislativa, sino porque asumir poder en un país endeudado, estancado y saturado de promesas incumplidas no es motivo de celebración. Es, ante todo, una carga.

Lo que les deseo es algo más exigente: que cada vez que se sienten en sus sillas de “poder” sientan el peso real de la responsabilidad que tienen a su cargo. Que recuerden que el poder no es un trofeo político ni una licencia moral, sino una obligación permanente frente a quienes producen, trabajan e invierten en este país.

Conviene insistir en una verdad elemental que suele olvidarse: el Estado no produce riqueza. La riqueza la genera el sector privado, especialmente aquel que no vive de privilegios ni de protección política. Sin inversión, sin riesgo y sin incentivos de mercado, no hay crecimiento posible, ni empleo sostenible, ni base fiscal que aguante.

Por eso, más que anuncios y discursos, urge revisar si en la agenda del Poder Ejecutivo y del Legislativo existe un compromiso real con crear condiciones para que el sector productivo, no protegido, pueda operar, competir y crecer. No para favorecer intereses particulares, sino para sostener a toda la sociedad.

Vale la pena recordarlo con claridad: si no fuera por el sector privado, el sector público no podría ser remunerado de la manera tan onerosa en que lo es hoy. La sostenibilidad del Estado nunca debe ser un fin en sí mismo; sin embargo, dado que todos ustedes, sin excepción, vivirán de nuestros impuestos al menos durante los próximos cuatro años, les conviene, por simple realismo, motivar al sector privado a invertir.

Me despido recordándoles que el poder que hoy ocupan no les pertenece, que los recursos que administran no son suyos y que los salarios que reciben provienen del esfuerzo de quienes producen en este país.

Que el peso de esa responsabilidad los acompañe cada vez que se sienten en sus sillas.

Atentamente,

Andrés I. Pozuelo Arce