El éxodo es el verdadero caos

Andrés Ignacio PozueloAndrés Pozuelo

Venezuela no cayó en el caos porque Hugo Chávez ni Nicolás Maduro llegaran al poder. Ellos fueron la consecuencia de un sistema que giraba alrededor del petróleo, no la causa. El colapso real comenzó cuando millones de venezolanos productivos entendieron que ya no podían usar libremente su talento, su trabajo ni su capital dentro de su propio país.

La fuga de profesionales, empresarios y trabajadores calificados no sólo vació a Venezuela de capacidad productiva; también erosionó su tejido social y moral. Al marcharse, muchos perdieron su arraigo, su historia y su comunidad, pero dejaron atrás un vacío que fue ocupado por dependencia estatal, control político y mediocridad institucional.

El resultado es un país transformado en algo irreconocible incluso para quienes un día lo abandonaron: una nación donde la supervivencia sustituyó a la prosperidad y donde el poder reemplazó al mérito.

Muchos venezolanos celebran la posible caída del régimen de Maduro bajo la premisa de que recuperarán sus propiedades y volverán a un país similar al que dejaron. Esa expectativa ignora un hecho central: el daño no es sólo político, sino estructural. Tras años de éxodo, descapitalización y deterioro institucional, incluso un cambio de gobierno no restaura automáticamente el capital humano, las normas sociales ni los incentivos que alguna vez hicieron viable ese país.