En economía, el proceso denominado derrame de conocimiento, implica la transferencia de información, ideas y tecnologías entre diversos actores económicos. Sin conocimiento no puede haber desarrollo económico y sin inversión privada no puede haber derrame de conocimiento.
Las universidades solo participan en el proceso de derrame, en la medida que, generan una oferta de capital humano con conocimiento práctico en el uso de herramientas y conceptos que les permita absorber la experiencia acumulada de las empresas, de manera efectiva.
La división del trabajo y la división del conocimiento son procesos inevitables y necesarios para que exista evolución económica. Para que se den, se requiere de sistemas socioeconómicos donde la protección de los derechos de propiedad e intercambio libre estén garantizados.
Los países no se desarrollan a base de impuestos altos, proteccionismo, regulaciones, o lindos edificios universitarios. Los países se desarrollan permitiendo que, la división o derrame de conocimiento se de libremente, con bajos impuestos y regulaciones; con libre movimiento de capital financiero, mercancías y capital humano y, con la protección legal de la propiedad privada.
Sobre el conocimiento:
El conocimiento no es jerárquico, una persona puede no haberse graduado de escuela, colegio o Universidad, y puede llegar a componer una gran sinfonía, o ser un gran cirujano, o diseñar un edificio. Así lo demostró el médico empírico Vivien Thomas, uno de los grandes cirujanos de corazón.
Sin embargo, hacemos todo lo posible por someter a los estudiantes a un sistema estandarizado, jerárquico y elitista; donde la mayoría de los que se gradúan, nunca logran conocer sus verdaderas habilidades, y el titulo se convierte en un instrumento de discriminación que impide el avance económico del individuo cuando por razones económicas o ambientales no puede completar los ciclos estandarizados.
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De la revolución educativa, surgieron los profesionales especializados, que con el tiempo y ayuda de regulación proteccionista, han monopolizado el conocimiento, creando elites con títulos vacíos. Pero hoy en día, la revolución de la información está trasladando el poder del conocimiento a miles de estudiosos y practicantes amateurs, con poco interés de desperdiciar su tiempo en largas carreras universitarias y teóricas.
Tenemos que alejarnos de la superstición materialista de que la riqueza consiste en “cosas” en lugar de ideas; en acumulación de capital financiero, en lugar de conocimiento – que las personas son simples consumidores, en lugar de creadores; cuerpos en lugar de mentes.
