Según el Gobierno, el racionamiento de electricidad obedece al desperdicio del pueblo costarricense. La verdad es que el pueblo no desperdicia, sino que es el Gobierno que no ha sido capaz de ajustar la producción a las necesidades de un pueblo en desarrollo. Así que la próxima vez que se tome un cafecito recién hecho, encienda su televisor o se bañe con agua caliente, disfrútelo sin cargo de conciencia.