1. Los humanos actúan buscando su propio interés. Cada decisión que toma una persona se remonta a un incentivo, a un intercambio, a un costo sopesado frente a un beneficio. Si se elimina el incentivo, la acción no se ejecuta. Si se distorsiona el incentivo, la acción se modifica.
Si gravan los costos de producción, observe cómo los empresarios reducen su producción o dejan de producir del todo. Si se subsidia el fracaso, verá cómo el fracaso se multiplica. La conducta siempre sigue la estructura de recompensas.
2. El valor es subjetivo y por tanto solo existe solo en la mente de quien elige. Un vaso de agua no vale nada para un hombre que se ahoga y lo vale todo para un hombre que muere de sed. Ninguna autoridad central puede calcular esto, porque cambia con cada individuo y cada circunstancia.
Nada tiene valor en sí mismo, solo el grado en que los humanos eligen valorarlo. Los diamantes, e incluso el oro, solo tienen valor porque los humanos decidieron que lo tienen.
3. El dinero no lo creó un decreto gubernamental. Surgió de forma espontánea cuando los comerciantes necesitaron un bien que fuese duradero, divisible, fácil de llevar y ampliamente aceptado para escapar de las limitaciones del trueque directo. Los metales preciosos, como el oro o la plata, ganaron esa competencia a lo largo de siglos y en decenas de civilizaciones independientes porque el mercado, y no un ministerio, los eligió.
La moneda fiduciaria es el Estado secuestrando esa institución evolucionada y reemplazándola por papel respaldado únicamente por una amenaza legal. Todos los bancos centrales del mundo operan hoy bajo este modelo.
4. La riqueza no cae del cielo. Un agricultor que se come toda su cosecha no produce nada la temporada siguiente. El agricultor que guarda semilla, la siembra y se especializa en lo que mejor cultiva acumula un excedente. Ese excedente es capital. El capital financia todo lo que viene después.
La producción precede al consumo. Sin producción, no puede haber consumo.
5. Elimina los derechos de propiedad privada y la producción colapsa. Un agricultor trabajará su propia tierra hasta la medianoche. Ese mismo agricultor, trabajando en tierra colectiva, se detiene al mediodía. La antigua Unión Soviética llevó a cabo este experimento durante setenta años y mató a decenas de millones de personas, demostrando el punto.
Cuando no puedes ser dueño del fruto de tu esfuerzo, no produces fruto.
6. El comercio voluntario genera ganancia para las partes que participan, generando así riqueza de la nada. Si las partes involucradas en el comercio voluntario no obtuvieran beneficios, la transacción no se realizaría.
Cuando pagas por una comida, valoras la comida por encima de lo que pagas. Por su parte, el restaurante valora lo que pagas, por encima de la comida. Ambas partes salen más ricas. Ningún político, regulador ni burócrata aportó nada.
El proteccionismo y los aranceles destruye esto. América Latina ya experimentó los efectos adversos de incrementar aranceles al adoptar el modelo de sustitución de importaciones promovido por la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (Cepal) durante la segunda mitad del siglo XX. En lugar de estimular el desarrollo económico, esta política fomentó empresas ineficientes y poco innovadoras por la falta de competencia. Las restricciones al libre comercio generaron pérdidas significativas que se reflejaron en una desaceleración, tanto del crecimiento económico como de los salarios.
7. Tanto Ludwig von Mises, como otros economistas de la Escuela Austriaca, han definido la inflación como un impuesto; el más perverso de todos. Cada emisión de dinero que realiza un banco central sin una producción correspondiente que lo respalde, diluye el valor del dinero que ya posees. El dinero nuevo fluye primero al gobierno y a sus amigos, que lo gastan a los precios actuales. Para cuando llega a ti, los precios ya han subido.
En todos los países del mundo, sin importar el periodo histórico, se comprueba una correlación entre aumento de la cantidad de dinero y los precios al consumidor. Los ahorros de Juan Pérez cargaron con la pérdida.
8. Los precios transportan información. Un alza de precios les dice a los productores que produzcan más y a los consumidores que consuman menos. Coordina a millones de extraños sin una sola orden central. Interfiere con esa señal y la coordinación se rompe. La inflación que crean los bancos centrales interfieren con esas señales.
El control de alquileres en la ciudad de Nueva York es el ejemplo más claro. Fija los alquileres por debajo del mercado y los propietarios dejan de dar mantenimiento a los edificios, dejan de construir nuevos y convierten las unidades a otros usos. Las personas a quienes el control de alquileres pretendía ayudar pagan el precio mediante el colapso de la oferta.
9. Las tasas de interés son el precio del capital a lo largo del tiempo. Cuando la Reserva Federal de los EE.UU. (FED) bajó sus tasas de interés a partir del año 2001 del 6,5% al 1% en el 2004, le dijo a cada inversionista que el capital era casi gratuito. Los bancos, empezaron a otorgar créditos hipotecarios que solo tenían sentido con bajas tasas. Cuando las tasas empezaron a subir, las cuotas de las hipotecas no pudieron cumplirse y el resultado fue la crisis financiera del 2008.
El ciclo económico no es un misterio del capitalismo. Los bancos centrales lo fabrican.
10. Los burócratas no enfrentan pérdidas ni ganancias. Un empresario que asigna mal el capital quiebra. Un burócrata que asigna mal el capital redacta un informe solicitando más financiamiento. El circuito de retroalimentación que disciplina a los mercados simplemente no existe dentro de una agencia gubernamental.
La Escuela Austriaca, y en particular la teoría del public choice, han demostrado que la intervención gubernamental es ineficiente e ineficaz por naturaleza. Los estudios empíricos como “Public Spendinhg in the 20th Century” demuestran como el Estado Benefactor no se tradujo en ninguna mejora de ningún indicador social. Sin embargo, el aumento del gasto público y de los impuestos para financiar el Estado Benefactor se tradujo en desaceleración de las tasas de crecimiento, aumento en el desempleo y en el estancamiento del crecimiento de los salarios.
11. Todo productor dentro de un mercado local posee conocimiento que ningún burócrata en una capital puede replicar. Un agricultor de trigo en Kansas rastrea al mismo tiempo la humedad del suelo, los precios de los futuros, los costos locales de equipo, sus relaciones específicas con los compradores y cien variables más. Ese conocimiento vive en el precio que fija.
Friedrich Hayek llamó a esto conocimiento disperso en 1945. Los planificadores centrales tanto del siglo XX como del siglo XXI siguen ignorando la imposibilidad de la planificación centralizada y negándose a admitir el orden espontáneo que los mercados privados coordinan sin esfuerzo. Ningún modelo, algoritmo ni comité puede comprimir lo que saben millones de actores independientes en un solo plan.
12. Toda intervención del gobierno produce efectos que se ven y efectos que no se ven. Ves la carretera que construye el Estado. No ves la fábrica que los impuestos nunca financiaron, el empleo que nunca existió, la innovación que nunca ocurrió porque el capital fue extraído a punta de pistola y redirigido por burócratas que no arriesgan nada propio.
13. Los precios, las cadenas de suministro y el lenguaje mismo coordinan a millones de extraños sin que ningún planificador central emita una sola orden. Esa coordinación es orden espontáneo: patrones complejos y funcionales que emergen de individuos que persiguen sus propios objetivos bajo reglas que no diseñaron colectivamente. Ningún comité posee el conocimiento local disperso necesario para replicar lo que el intercambio voluntario produce cada segundo.
Observa cómo evolucionaron los idiomas. Ningún burócrata diseñó su gramática. Millones de hablantes, a lo largo de siglos, adoptaron palabras y estructuras que funcionaban, descartaron las que no, y produjeron una lengua más rica que cualquiera que un burócrata hubiera podido diseñar. Los planificadores centrales que creen poder replicar ese proceso con controles de precios o cuotas de producción destruyen el mecanismo de retroalimentación que genera el orden en primer lugar.
