La ciencia del miedo

Antonio Fernández Liberalismo Leave a Comment

El año 2020 ha sido un año sin precedentes, nunca antes la gente sana ha sido sometida obligatoriamente a un ¨tratamiento¨ casi obligatorio, sin que exista indicio alguno de que esa gente transmita un virus que según algunos, es lo más peligroso que ha enfrentado la humanidad en la historia.

Nunca antes, se habían pisoteado tanto las libertades individuales, de reunión, de circulación y de expresión, entre otras, ni se había afectado tanto la economía a nivel mundial so pretexto de medidas sanitarias.

Con diferentes variaciones, en general la mayoría de gobiernos, infectados del gen totalitario, comenzaron aplicando medidas de confinamientos o cuarentenas generales (lockdowns) tanto a gente sana como a los enfermos, y luego han obligado a los ciudadanos a utilizar mascarillas faciales para ingresar a comercios y otros espacios públicos.

En Costa Rica, el ministro de Salud, Daniel Salas, se ha caracterizado por hacer afirmaciones y tomar decisiones alejadas del sentido común y sin respaldo de estudios o evidencias. De esa forma, el ministro pasó de afirmar que las mascarillas no servían para nada en abril, a decretar obligatorio el uso de careta o mascarilla el 26 de junio y finalmente el 9 de setiembre a descartar la careta y decretar obligatorio el uso de mascarilla.

Siguiendo esa línea de incoherencia, Daniel Salas también pasó de catalogar como xenófoba a la medida de prohibir vuelos desde China en febrero, a cerrar las fronteras para turistas en Costa Rica desde marzo hasta noviembre. Recomendó evitar aglomeraciones sobre todo en espacios cerrados, pero fomentó el uso de autobús y restringió el transporte individual.

Tampoco podremos olvidar algunas idioteces como el futbolín humano, los bares con música instrumental exclusivamente, los productos restringidos en grandes cadenas por categorías, los cierres de parques públicos y playas, y finalmente, las fiestas navideñas sin sillas para que los invitados se aburran rápido y se vayan.

A pesar de que muchos no contamos con estudios avanzados en salud ni en epidemias, nos queda claro que el ministerio de Salud y su jerarca, nunca han estado claros sobre sus declaraciones, y a pesar de eso, arrogantemente se han arrojado el derecho de declararse expertos en la materia mientras silencian a los demás.

Pero tal conducta no es exclusiva de Costa Rica, la Organización Mundial de Salud (OMS) y la Organización Panamericana de Salud (OPS) han apoyado en buena medida a charlatanes como Daniel Salas, es más, en muchas ocasiones les giran las instrucciones.

En torno a estos ¨expertos¨ de pacotilla, han surgido cultos que adoran las improvisaciones y malas decisiones de los primeros, dominados principalmente por el miedo, la ignorancia y la falsa expectativa.

A pesar de que repiten como loras afirmaciones sin fundamento, tienen el tupé de minimizar la opinión de quienes nos oponemos a tanta idiotez y lesión irracional a las libertades fundamentales —nosotros estamos del lado de la ciencia y ustedes de las absurdas conspiraciones— nos dicen.

Pero la ciencia no basa sus conclusiones en temores ni en esperanzas, sino en los hechos. Los datos nos dicen que la CoViD-19 afecta por igual o incluso más a países que siguen al pie de la letra las recomendaciones ¨sanitarias¨ que lesionan libertades individuales que aquellos países que ignoran esas medidas, y también nos dice que la letalidad de la CoViD-19 es de 1,9% en Estados Unidos y de 1,23% en Costa Rica con los datos existentes hasta el 4 de diciembre del 2020.

Lo anterior, sin considerar que existen muertes asociadas a CoViD-19 que no necesariamente se deben al virus en sí, sino a condiciones de salud deterioradas preexistentes en la víctima. Al considerar esto último y la edad de las víctimas (principalmente adultos mayores), el peligro del SARS-Cov-2 no excede por mucho a otros virus de gripe.

Todo indica que las decisiones que toman la mayoría de gobiernos (promotores del pánico) no obedecen a un amplio entendimiento de la enfermedad, sino a un apetito de control y quien sabe que otros motivos oscuros. Sus decisiones no se basan para nada ni en datos ni en el método científico, pero sí en el hecho de que la gente asustada no razona, sino que actúa por impulso.

Vivamos sin miedo, vivamos libres.