El crédito del FMI

Sergio Villalta Deuda pública Leave a Comment

La Asamblea Legislativa aprobó esta semana un empréstito con el FMI por la suma de $501 millones. (1)

Según se informó los recursos serán desembolsados por el FMI y el Ministerio de Hacienda podrá utilizarlos para costear los gastos presupuestarios -, como salarios y pluses.

Uno de los argumentos por el gobierno es que de no aprobarse este préstamo, tendríamos que salir a buscar créditos a tasas más onerosas.

Por ende, según la lógica gubernamental – y la de sus aliados en la “oposición” legislativa -, al aprobarse este crédito se le está “ahorrando” al país recursos.

El problema

¿Qué pensaríamos de un alcohólico que celebre porque empezará a compra ahora un licor más barato?

¿Podría ese futuro ahorro justificar su felicidad? ¿O justificar su enfermedad? Obviamente no.

Al igual que comprarse un licor más barato no le resuelve al alcohólico sus problemas, tampoco el préstamo con el FMI resuelve el problema de fondo.

Porque en los últimos siete años la deuda pública del gobierno de Costa Rica se ha duplicado y el gasto no se ha reducido. (2)

Sin embargo, a tal punto se ha llegado, que ahora hasta se celebra que el empréstito se podrá usar en pagar salarios.

¿Endeudarse es algo “malo” o “bueno”?

Se ha criticado que el empréstito con el FMI es nocivo porque no se trata de un crédito para que el gobierno construya escuelas o carreteras.

Sin embargo, está clase de crítica es también otro error. Porque al hacerla se denigra la virtud del ahorro.

También el argumento confunde la naturaleza del “sector público” con el sector privado.

En el sector privado ciertamente una persona podría endeudarse para pagarse una carrera universitaria, para comprar un vehículo o una casa.

Sin embargo, igualmente podría restringir su consume presente y ahorrar, para después comprase lo que desea y así evitar el pago de intereses.

Para una persona no es algo esencialmente “malo” o “bueno” endeudarse. Todo dependerá de sus condiciones personales y de sus preferencias temporales.

Un caso muy diferente ocurre con el gobierno. Cuando el gobierno vive más allá de sus ingresos necesitará endeudarse, ya sea para construir una escuela o pagar los salarios de la burocracia.

Pero al hacerlo el gobernante termina expropiando la riqueza de las personas en el futuro.

Porque los sujetos estarán obligados a pagar esa deuda y todo para costear un gasto presente.

Pero ese gasto “público” en el presente – sea para lo que sea -, también hace que se expropien los recursos para desviarlos hacia fines que no han sido elegidos por sus dueños.

Es decir, de no haberse expropiado esos recursos sus dueños los habrían utilizado en lograr sus fines y propósitos. Pero ahora no lo podrán hacer para pagar una deuda.

Obviamente esto sucede nada más con la “deuda pública”, no con una deuda particular.

Conclusión

En primer lugar, la llamada “deuda pública” siempre entraña un grado de inmoralidad. Porque se obliga a las personas a pagar por algo que nunca decidieron voluntariamente hacer.

Imaginemos que un tercero asuma una deuda hoy, pero nos obligue a pagarla en un futuro. Esto sería una grave injusticia y algo muy contrario a la moral.

En segundo lugar, la “deuda pública” terminará confiscando los recursos futuros del pagador de impuestos. ¿De qué otra forma se podría pagar la deuda?

Es decir, se expropiará el dinero de las personas desviando sus recursos, que ahora no podrán ser utilizados para lograr sus propios fines. Esto también constituye otra grave injusticia.