Costa Rica atraviesa momentos de cambio y tiempos difíciles. Por un lado, hay un evidente hartazgo por parte de un sector de la población que se cansó de la política tradicional, de figuras añejas y sus redes de cuido, de la justicia nada pronta ni cumplida, de la burocracia y de odiosos privilegios en el sector público.
El actual gobierno no ha logrado resolver esos problemas, es más, ni siquiera ha planteado reformas país profundas que muchos costarricenses esperamos, pero ha justificado esta situación mediante la polarización con otros poderes de la República (no me dejan gobernar).
El gobierno ha convertido la gobernanza en la campaña política más larga de la historia, cada conferencia de prensa es un ejercicio de comunicación para desacreditar a los opositores, fomentar el culto a la personalidad y promover a la evidente próxima candidatura presidencial (que aspiran acompañar de 40 diputados). Para algunos, lo anterior es ciertamente peligroso pues nos dejaría a las puertas de una Constituyente y grandes que cambios que podrían ser necesarios, pero de la mano de un diálogo sincero y reflexión profunda, no de la ira (muy comprensible) pero que generalmente es mala consejera.
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El verdadero enemigo
Algunos consideran que los políticos tradicionales son el enemigo, y la prioridad es sepultar al PLN y otros partidos. Otros creen que el enemigo a vencer es Rodrigo Chaves.
Yo personalmente creo que ambos bandos tenemos un enemigo más profundo, que es el mismo que nos llevó a una segunda ronda entre Fabricio Alvarado y Carlos Alvarado. El enemigo es el que hizo que un exfuncionario del Banco Mundial junto a una experiodista de Teletica le ganaran al hijo del caudillo: José María Figueres.
Atravesamos una crisis partidaria y política sin precedentes, una desconexión de élites intelectuales con las personas humildes, una proliferación de partidos políticos que nos advierte de divisiones internas y pocos acuerdos, así como de egos y oportunismos.
Panorama electoral
El tiempo transcurre y en los partidos tradicionales de momento no se ven fuertes liderazgos, en los partidos pequeños hay buenas voluntades y propuestas pero limitantes económicas.
Mientras no se logre entender que el mayor problema no es Chaves, sino una política tradicional que se resiste a los cambios y encontrar esa conexión con las personas, mientras tengamos muchos partidos políticos y pocas opciones reales, seguiremos entre el jaguar y la pared.
