¿Estado laico?

Sergio Villalta Libertad, Libertad individual Leave a Comment

Recientemente una diputada protestó por la presencia de religiosos al inaugurarse el nuevo edificio legislativo.

La diputada lució una leyenda en su traje que decía “estado laico ya”. La legisladora le manifestó a los periodistas que: “la Asamblea no es el espacio para recibir misas u oraciones”. (1) (2)

El Estado confesional

Cuando se afirma la necesidad de un estado laico es importante recordar dos cosas muy diferentes.

Primero. La libertad religiosa puede existir en un Estado confesional. Porque incluso cuando el Estado proclame una religión, esto por si mismo no impide la práctica de otros credos.

El mejor ejemplo lo tenemos en el Reino Unido. Enrique VIII rompió con el Papado en 1532 y estableció una Iglesia de Inglaterra totalmente independiente de Roma -, con él como cabeza suprema.

Desde el siglo XVI el Estado legisló para hacer de la Iglesia de Inglaterra la congregación dominante de esa nación. Así se convirtió en la iglesia oficial, tanto del pueblo inglés, como de su Estado. Pero esto no significa que hoy en día se prohíba la práctica de otras religiones en el Reino Unido.

Segundo. Tampoco una religión oficial es algo que impide reconocer el derecho a la objeción de conciencia del individuo. Bien podría una persona negarse a efectuar una acción si esta se contrapone a sus creencias religiosas.

Sin dificultad alguna pueden existir las tres cosas a la vez:

  1. Un Estado confesional.
  2. La libertad de objeción de conciencia.
  3. La libertad de culto.

Por tanto, un Estado puede acuerpar de manera positiva una religión, sin embargo, simultáneamente puede garantizar las distintas creencias y cooperar con todas para favorecer la libertad.

Desde luego, que exista un Estado confesional no es razón para avalar el otorgamiento de subsidios, transferencias o cualquier otro privilegio a un grupo religioso específico ni a nadie más. Todo esto debería derogarse de la legislación.

¿Qué desea la izquierda?

Cuando desde la izquierda se demanda un Estado laico, no se hace alusión a una laicidad primaveral. No se trata de hacer al Estado neutral hacia el fenómeno religioso.

Por el contrario se atisban peligrosas tendencias hacia actitudes beligerantes. Y se escuchan manifestaciones hostiles y en particular muy en contra de la Cristiandad.

Lo que intentan hacer es restringir al máximo la influencia religiosa en la vida pública. Quieren relegar la vida religiosa al más pequeño, silencioso y obscuro de los espacios privados.

En síntesis, más que una laicidad que procura garantizar la libertad – algo que ya existe incluso en un Estado confesional -, es una laicidad que fomenta la antireligiosidad.

Al buscar excluir toda manifestación religiosa en el ámbito público intentan promover una cultura irreligiosa. Desean en no pocas veces borrar el carácter oficial de festividades religiosas, censurar los símbolos religiosos o la presencia de clérigos en actos oficiales o incluso en ceremonias no oficiales.

Representaciones culturales que son todas inofensivas para la libertad de conciencia o de pensamiento. Pero que al suprimirlas o censurarlas refuerzan una cultura mayoritariamente atea o agnóstica.

Este propósito para que la vida pública de una nación esté libre de influencias confesionales esconde todavía algo más. También intentan mediante el uso de la censura moral impedir que una congregación religiosa pueda fijar su posición política.

Al impedir esto se aseguran eventualmente que los preceptos morales de una fe sirvan como fundamento para la legislación de un país.

Recordemos que las iglesias en esencia son una manifestación voluntaria y también privada. Sin embargo, sus fines en mayor o menor medida son públicos. Porque juegan un importante papel en la moral y la tradición cultural.

Y desde luego son obstáculos para esa izquierda que desea desmembrar la individualidad, la familia, la propiedad, así como al resto de los valores y la cultura de Occidente.