Una buena noticia, y otra mala, de este gobierno

Jorge Corrales Liberalismo

Continúo con mi práctica de señalar lo que considero bueno que hace esta administración y lo que considero malo, y reitero, pues en su momento la di a conocer con toda claridad, que mi preferencia política electoral fue claramente de abstenerme a votar en la segunda ronda. Por supuesto que soy consciente de que puede equivocarme al hacer este comentario (sólo el planificador central cree saberlo todo en la economía), pero, en mi derecho a equivocarme, trato de ser justo ante lo que observo y comento.

LA BUENA: El gobierno actual ha anunciado una política respecto al arroz que reduce sustancialmente, a lo que es, tal vez, el nivel más bajo de arancel, exceptuando los de arancel cero, a la importación de arroz. La práctica proteccionista viene de muchos años atrás y me acuerdo que, desde una o dos de las décadas finales del siglo pasado, y hasta la fecha, muchos economistas hemos señalado la injusticia de la búsqueda de rentas mediante altos aranceles a las importaciones. Era, y es hasta el momento, muy claro el daño a los consumidores nacionales, (todos nosotros) quienes nos veíamos obligados a pagar mucho más caro el suministro del arroz, en comparación con la libertad de importarlo de donde fuera más barato. Esa política era especialmente gravosa sobre los hogares más pobres, en donde, en cierto momento, del gasto de consumo familiar en alimentos, un veinte por ciento era en arroz. Ahora van a poder conseguirlo más barato. Ah, y ese precio mayor artificial por el arancel proteccionista beneficiaba enormemente a cierto grupo pequeño privilegiado. Felicito primordialmente al ministro de economía, don Francisco Gamboa, quien tuvo la enorme suerte moral de poder frenar esa bárbara injusticia de tantos años.

LA MALA: La que creo que es una medida intempestiva, si bien insinuada desde hace rato por la parte política del gobierno actual sobre algunos medios que, por las razones que sean, buenas o malas, han criticado fuerte y hasta indebidamente al gobierno. No es limitando la libertad de expresión como se beneficia al ciudadano en un país libre y democrático. Los ciudadanos defendemos la libertad de expresión como parte de una defensa más amplia de la libertad -hay individuos quienes dicen defender la primera, pero no siempre defienden la libertad como un todo- y lo hacemos porque nos beneficiamos que haya la mayor posibilidad de estar informados, porque el único interesado en que no la haya a plenitud, es porque quiere imponer su visión de la cosa pública, diferente de lo que cada uno de nosotros puede considerar es la información que requiere y necesita.  Cuando hay libertad de información, parte de la libertad de expresión, todos estamos dispuestos permitir la opinión de terceros, aunque nos incomode enormemente: mayor incomodidad es cuando usted no puede elegir, sino recibir la información que le es suministrada por una persona o ente, o la que alguien quiere que sea la única y complaciente. Por ello, defendemos la libertad de expresión y es a cada uno de nosotros el que le corresponde definir cuál información es la que necesita y requiere.